El cruce de los Andes: “Una hazaña realmente magnífica”

 

El 13 de abril de 1918 surgió la decisión. Había nevado. El aparato estaba en la pista, Candelaria no escuchó consejos de postergar la partida. Probó el motor. Satisfecho. Al oído le dijo a Soriano: “Buscarme en la cordillera”, eran las 15.30. Fueron apareciendo las elevaciones cerro Canzino, su similar Carrere en la cordillera del Chachil, lago Aluminé y cerro Pichilloncolo. Vio el volcán Llaima con “columnas de humo” y luego del cruce cordillerano, ya en Chile, lagos Icalma y Hueyeltue, Sierra Nevada y cordillera de Irrampe.

En algunos momentos voló a más de 4.000 metros de altura. Buscó lugar para aterrizar. Divisó un caserío “entre bosques y pequeños charcos de agua”. Comenzó a volar en círculos y decidió el aterrizaje en “terreno que resultó pequeño y limitado por un arroyo barrancoso a la izquierda”, llevándose por delante un corral que “cedió rompiéndose sus maderos y la hélice con estruendo, mientras que el Parasol en obligada acrobacia, se daba vuelta en el aire”. Tuvo suerte: algunos rasguños en las manos y “dolorida la rodilla derecha que le sangraba”. Se hicieron presentes un carabinero y un misionero y estrechó la mano de Eustaquio Astudillo preguntándole donde estaba: “En Cunco, señor”. Desde Zapala, con su primer avión y piloto, la travesía de los Andes se había concretado.

Existen otros llamativos detalles que, por el carácter de este escrito, omitimos su relación. Sí, que al regreso a Buenos Aires por tren y desde estación Retiro fue llevado en andas hasta el Círculo Militar donde se lo agasajó.

Las más destacadas publicaciones periodísticas del país se refirieron a la hazaña aérea de Luis C. Candelaria, lo mismo que otras como “Flores del Campo” de Viedma que en edición de 18/4/1918 expresaba: “El Paso de los Andes. El sueño de Jorge Newbery acaba de ser realizado. Un teniente de nuestro ejército, Luis C. Candelaria, ha recorrido la ruta estupenda, consumando una hazaña realmente magnífica: la tentativa malograda de varios animosos antecesores. La emocionante aventura produce en todas partes la impresión consiguiente. Se considera que el raid del teniente Candelaria constituye una de las páginas más bellas, si no la más bella, de cuantas han llenado hasta aquí los conquistadores del aire en su noble afán por alzar el dominio del hombre hasta el seno majestuoso de lo inaccesible”.

A su pedido, los restos de Candelaria reposan en Zapala. La del primer avión…

 

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